San Uldarico o Ulrico, estudiante en San Galo, Suiza, y discípulo en Augsburgo de Adalberón, obispo de esta ciudad; pasó a Roma siendo todavía bastante joven.
El papa le recibió en audiencia, e inspirado de lo alto y poniéndole las manos sobre su cabeza, le dijo: "Ha muerto Adalberón, tú serás su sucesor."
En efecto, volvió a su patria, halló que había muerto el obispo y el pueblo le aclamó por su prelado.
Reconcilió, siendo pastor de esta cuidad, a los emperadores Otón y Rodulfo. Gobernó muchos años su diócesis y falleció el de 963.
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