Beato Gil, compañero de San Francisco, 1272. Fray Gil se asoció al patriarca en 1209. Fue el tercero de la nueva compañía.
Su humildad, aunque a veces se manifestaba en rasgos peregrinos, era extraordinaria. Las anécdotas de las Florecillas nos dan a conocer su espíritu evangélico, su gran austeridad y su amor a la penitencia.
Su fama era casi tan grande cómo la de su maestro, y se dice que el mismo San Luis llegó disfrazado a las puertas de su convento, por el gusto de conocerle. Murió en Perusa.
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