San Julio, Papa. Gobernó la Iglesia cuando los arrianos se hacían fuertes con el apoyo del emperador Constancio.
No obstante, él recibió generosamente a los perseguidos, y condenó las asambleas de Tiro y Antioquia, que tenían por objeto destruir la fe de Nicea.
Frente a ellas hizo celebrar el concilio de Sárdica, donde tomó numerosas medidas para el mantenimiento de la ortodoxia y el florecimiento de la disciplina, 352.
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