Nacido en 1250, pertenecía a una noble familia napolitana.
Su juventud fue la de muchos otros guerreros de su tiempo: duelos, saqueos, violencias. De repente dejó las armas y se hizo lego franciscano.
Toda su vida fue luego un prodigio de penitencia y de humildad.
Dios le favoreció con éxtasis, los milagros brotaban a su paso sin él darse cuenta, y las gentes le veneraban como a un santo.
Murió en 1313.
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