San Senán, que hizo vida solitaria al norte del país de Gales, en un bosque perteneciente al padre de Santa Venefrida, la cual iba con frecuencia a pedirle instrucciones para avanzar en los caminos de la perfección.
Un día le encontró muerto y le dió piadosa sepultura en la cabaña misma que había sido testigo de sus penitencias.
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