Beata Paul- Hélène Saint- Raymond



Beata Paul- Hélène Saint- Raymond

“Hay que comenzar por luchar contra la propia violencia”

«…Procurar la Gloria de Dios por la Salvación de los pobres y los pequeños, por el camino de Encarnación que siguió Jesús, el Siervo, el Enviado del Padre, que entregó la vida para salvar a los hombres y para reunirlos en un pueblo.» (RV 5)

La hermana Paul- Hélène Saint- Raymond, nació en una familia cristiana y fue la octava de diez hijos.

Después de sus estudios en la Universidad de la Sorbonne entró en la Congregación de las Hermanitas de la Asunción e hizo profesión el 29 de julio de 1954.
Durante sus primeros años de vida religiosa, fue enviada sucesivamente a la región parisiense de Creil, a la casa de formación Rue Morère para sus estudios de enfermera, luego al distrito 11º, en St. Ambroise, y a la región de Rouen, en Petit Quevilly.

Argel la acoge en 1963, en Les Sources; está allá hasta 1973. Despúes de una corta estancia en Túnez en 1974, va a Marruecos en 1975, en Casablanca. En 1984 de nuevo en Argelia, en Ksar el Boukhari, y en 1988 va a Argel (Belcourt).

Paul- Hélène, una mujer portadora de Dios a través de gestos sencillos, amó con un corazón libre y abierto. Anunció la Vida, Misión, Muerte y Resurrección de Jesús, Servidor y Salvador en medio de la cultura musulmana, entre los no cristianos.

“… la situación no cesa de empeorar; si el verano pasado hablábamos de 'guerra civil larvada', ahora debemos decir 'estamos en plena guerra civil'. Los maquis, dirigidos por grupos en las regiones montañosas, controlan los pueblos y las aldeas de su zona y hacen que reine su ley inmisericorde y feroz. En las ciudades, se multiplican los asesinatos, chantajes, sabotajes y golpean en cualquier parte, no importa cuándo ni qué ‑ incluidos las mujeres, ancianos, adolescentes, a veces niños”.

“Llamadas a vivir en esta casa de Islã, somos conscientes de la precariedad de nuestras misión y, por tanto, de la riqueza del don que Dios para con nosotras.”

En aquel domingo 8 de mayo se presentaron tres hombres y dijeron: “¡Policía!” Habrían pedido ver al responsable y ella les condujo hacia el despacho de Henri; uno de los hombres sacó su revolver y lo dirigió a la nuca de Paul-Hélène que cayó de espaldas, fulminada. “la encontraron tendida en el suelo, los brazos casi en cruz, las manos abiertas, muy apacible, una vaga sonrisa en sus labios”, dijo una de ellas.

La Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), condena vigorosamente este odioso crimen así como todos los actos de violencia perpetrados en Argelia.



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