Santa María del Monte Carmelo Rendiles



Carmen Rendiles Martínez nació en 1903, en 1927 entró en la Congregación francesas de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento. Se distinguió por su inmensa bondad y sabia prudencia. En los años 50 guió el proceso de refundación de su congregación, hasta que en 1965 la Santa Sede aprobó la nueva fundación venezolana llamándola “Siervas de Jesús”. Como Superiora general de la Fundación promovió un intenso espíritu religioso entre sus hermanas. Gracias a ella, la congregación siguió creciendo y se consolidó en Venezuela y en Colombia.

Madre Carmen murió en 1977. El 21 de diciembre del 2017 el Papa Francisco reconoció la autenticidad de un milagro realizado por la intercesión de Madre Carmen, ocurrido en Caracas el 18 de julio del 2003: la sanación instantánea de una grave lesión en el brazo derecho de un médico venezolano.

Nuestra colega Roberta Barbi entrevistó al Cardenal Amato quién al referirse del carisma de la nueva Beata, recordó que toda su vida, Madre Carmen amó y honró su vocación y buscó alcanzar la santidad. Repetía a menudo: “quiero ser santa, como San Pablo: no vivo más yo, si n que es Cristo que vive en mí”. Confiando en Dios abría su corazón a todos, sobre todo a los pobres, fundó para las chicas con necesidades el colegio de Santa Ana en Caracas, Mérida, Valencia y Belén.

También cuidaba a los sacerdotes. Para muchos de ellos ella fue su sabia y materna consejera. Era buena y dulce con sus hijas espirituales. Con las enfermas las visitaba, apoyaba, sostenía y las ayudaba en todolo que necesitaban


Hablar de la espiritualidad de Madre Carmen ciertamente es emocionante.
Quiero hacerle un resumen de la palabra valiente, que es una virtud, porque al pensar en la valentía de una mujer religiosa que parecía como minusválida por la falta de un brazo, nació sin él, y jamás le hizo falta.

Pero al hablar de la valentía para sobreponerse a las adversidades que se iban presentando. Se necesita valentía para vivir la humildad. Valentía para ser obediente, para vivir en pobreza, una mujer de clase media alta.

Valentía para vivir en aquella sencillez sin complicaciones. Entonces, en esa palabra antes resaltaba la humildad. Y luego qué humildad tan grande que la identificaba con el Señor Sacramentado, pero para esa humildad, para no ser y para que Dios sea en ella, o sea como persona, se necesita valentía negarme a mí para que Dios se haga presente. Desde la valentía reinaron en ella o sobresalieron en ella la humildad, la obediencia, la pobreza y la sencillez.

Este no ser, este negarse, este sentir que tenía que acompañar al Señor Sacramentado en todo momento. No porque pasaban las 24 horas a los pies del Sagrario, sino sobre todo porque en su vida diaria, todo a todo le encontraba, ¿qué le podía ofrecer al Señor? ¿Cómo lo podía acompañar desde la enfermedad, desde el desprecio de los demás, desde la indiferencia de los hombres? Nada de esto la detuvo, no la afectó interiormente. Esto la condujo las virtudes.

Esta humildad tan grande, este deseo de ser de Dios, lo convirtió en camino para poder acercar a Dios en todo momento y poderse identificar con el Señor Sacramentado.


La Madre Carmen, en ella reinaba esta virtud teologal, la Esperanza. Porque tenía esperanza. Confiaba porque es de allí desde donde nace su confianza en Dios, genera en ella la esperanza y la seguridad de que todo aquello en lo que se negaba aquí lo iba a encontrar en el cielo de toda caridad que acá hacía. Negándose a sí misma, quitando de lo suyo para convertirse hacia los demás, hacia los más pobres. Eso tenía la plena seguridad de que lo iba a encontrar en el cielo. Fue una mujer con signo de esperanza. En medio de la Congregación. En medio de los sacerdotes que les aconsejó mucho y les indicaba siempre el no detenerse ante las adversidades, sino acercarse al Sagrario, conocer al Señor Sacramentado y caminar desde allí. Transitar desde allí por los caminos de la voluntad de Dios.


Entre los mensajes de fe de la Madre Carmen, uno de los principales, yo considero que es el 'no detenernos en el camino, sino terminar lo que hemos empezado'. Ella terminó en Dios ese camino de conversión en su santidad. Ella sembró esta esperanza y esta confianza en Dios, no detenernos ser constantes en el empezado, y para ser Santo se necesita ser muy constante en la práctica de las virtudes. Y en la negación de sí mismo, comprendiendo que negarse es darle campo a Dios para que Él viva, esto para todos los cristianos. Por allí debemos transitar no solo religiosos, sino todo consagrado por el Bautismo, todo ser humano que quiera ser bueno debe transitar por este camino, tener voluntad para terminar aquello que ha iniciado.

Es una alegría para todo el pueblo venezolano. Hace algunos días el anuncio de la canonización de José Gregorio Hernández y ahora el de la Madre Rendiles. Seguramente una gran Acción de Gracias de todo el pueblo venezolano, de toda la Iglesia en Venezuela, de los religiosos, las religiosas.

Ciertamente así es. La alegría que nos lleva a celebrar en Acción de Gracias, no solamente a través de la Eucaristía o celebración eucarística. Sino a través de una conversión. Esta canonización, como también la del doctor José Gregorio Hernández, experimento que es un nuevo Pentecostés para Venezuela, para nuestra Congregación y para toda persona que quiera tomar este Pentecostés para vivirlo de una manera personal y poderse convertir en ese peregrino de esperanza a la que nos llama nuestro Santo Padre Francisco.

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