Santa Mafalda



Etimológicamente significa “fuerte en el combate”. Es igual que  Matilde (portugués).

Es muy interesante para un país que haya personas como Mafalda que  logren llevar a religiosos franciscanos y dominicos para que, con su  oración, su predicación y su labor evangélica, eleven el nivel cultural y  religioso de esa nación.

Eso fue, principalmente lo que llevó a cabo Mafalda. Portugal vivía  los días aciagos de la invasión de los árabes. Para librarse de ellos,  nada mejor que aunar las fuerzas . Por eso ella se casó con el rey  Enrique I de Castilla, algo más joven que ella.

El Papa Inocencio III, que seguía el quid de la cuestión lo más cerca  posible, impidió el matrimonio, ya que Enrique y Mafalda eran  parientes.

Roma se metió en los asuntos políticos y sociales de Portugal que se  separó del de Castilla y León en tiempos de Alfonso-Enrique.

Todos estos líos hicieron que Malfalda tomase la determinación de  meterse en un monasterio.

Y justamente cuando elige esto como lo mejor de su vida, se va a  encontrar con algo inesperado.

Estando en oración y haciendo penitencia, vio más claras las cosas de  su exreino. Lo que le interesa ahora es la reforma de las monjas  cistercienses (año 1222).

Se dio cuenta de que la disciplina estaba relajada. Necesitaba su  espíritu emprendedor hacer cosas nuevas que redundasen para el bien del  reino de los cielos.

Creó hospicios y dio trabajo a todo el que quería cultivar los campos  abandonados por causa de las guerras.

Tan sólo dejó el monasterio para ir en peregrinación a Oporto. En uno  de estos viajes religiosos, cayó enferma y murió en 1257.



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