San Anibal María di Francia
Nació en Messina (Italia) el 5 de Julio 1851 en una familia perteneciente a la nobleza. Muy joven, delante del Santísimo Sacramento solemnemente expuesto, recibió lo que se puede definir «inteligencia del «Rogate»»: descubrió la necesidad de la oración por las vocaciones.- Ordenado sacerdote en 1878.
Se adelantó a los tiempos al considerar vocaciones también las de los laicos comprometidos: padres, educadores y hasta buenos gobernantes.
El padre Aníbal María fundó dos familias religiosas: en 1887 la Congregación de las Hijas del Divino Celo y diez años después la Congregación de los Rogacionistas del Corazón de Jesús, (presentes en la diócesis Obispado Zárate - Campana, Rep. Argentina), con la tarea de vivir y propagar el mandato de Jesús de orar por las vocaciones poniéndose al servicio de los más pequeños y de los pobres, especialmente en tierras de misión.
Buscó que esta oración fuera «universal» implicando a toda la Iglesia, en particular a los obispos, pero también a sacerdotes, religiosos, consagrados y laicos. La anual «Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones», instituida por Pablo VI en 1964, puede considerarse la respuesta de la Iglesia a esta intuición.
Aníbal María era una persona enamorada de la Eucaristía y de la Iglesia; un cristiano que concibió su vida como un don para los demás; un noble que se hizo muy pobre para ir a vivir no sólo con los pobres, sino como los pobres. El padre Aníbal María Di Francia murió en Messina el 1 de junio de 1927 con fama de santidad. Juan Pablo II lo proclamó beato el 7 de octubre de 1990 y a partir de hoy Santo (16 mayo 2004).
La inexplicable curación de una recién nacida filipina, atribuida a la intercesión del beato Aníbal María di Francia, abrió las puertas a su canonización, por el Santo Padre en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.
Al poco de nacer --el 28 de enero de 1993-- en Iloilo (suroeste de Filipinas), Charisse Nicole Díaz se vio afectada por una forma de meningitis en ese momento resistente a cualquier antibiótico, hidrocefalia y atrofia de la corteza cerebral. Con una reliquia del beato, la familia comenzó una novena por su curación. Charisse sanó completamente y no presenta ninguna de las previsibles secuelas.
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