Bienaventurado Anizan



Bienaventurado Padre Anizan

PASION POR DIOS Y POR EL PUEBLO

Para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, el Padre Anizan pertenece históricamente al pasado. Un pasado, a caballo entre los siglos XIX y XX, que lo marcó sin por ello hacerlo prisionero de su tiempo.

Cierto es que no llegó a conocer el reino de la mundialización; pero asistió, conmocionado, al nacimiento doloroso de la clase obrera en los años de la industrialización.

Cierto es que no llegó a conocer ni el horror del Holocausto ni las angustias de Srebrenica o Ruanda; pero en cambio sí conoció el miedo y el lodo de las trincheras de Verdún.
Cierto es que no llegó a conocer una Iglesia minoritaria en medio de una sociedad en vías de secularización; pero sufrió en el seno de una Iglesia inquieta por la modernidad e inadaptada a las necesidades, tanto materiales como espirituales, de los suburbios obreros de París.
Cierto es que no llegó a conocer personalmente las fragilidades afectivas, psicológicas y morales de nuestro mundo en transformación; pero sufrió en carne propia el dolor de ser denunciado y desacreditado por sus propios hermanos de religión.

 

Una vida inestable, en difícil equilibrio sobre las fracturas del hombre, de la sociedad y de la Iglesia, que acabará sumergiéndolo en el más profundo desconcierto y le hará conocer su propio camino de Damasco. Incluso será condenado por Roma, acusado de querer abrazar demasiado estrechamente, y de forma equivocada como eclesiástico, ese mundo popular y obrero emergente. ¡Algo inaudito para este pastor que no tenía más que un deseo: vivir y trasmitir la Ternura de Dios en medio de las pobrezas y precariedades de su tiempo!
Jean-Yves Moy consigue hacernos revivir esta vida de cristiano ardiente; una vida no exenta de incertidumbre y de sobresaltos, de un ser afectado por los padecimientos de una profunda noche interior. Y así, a lo largo de estas páginas, poco a poco descubrimos que la agitada vida de este apóstol del pueblo hace de él un ser extraordinariamente cercano a los movimientos que marcan el alba del tercer milenio.

De este modo, quien fue acusado en su tiempo de “modernismo”, aparece ante nuestros ojos como asombrosamente moderno (en el sentido de “contemporáneo”) en su firme voluntad de propiciar el encuentro entre la Iglesia y los medios obreros y populares. Asombrosamente moderno porque conectado al walkman del Evangelio, donde confluyen la música de Dios y los gritos de los pobres. Asombrosamente moderno porque su trayectoria hubo de abrirse camino entre las sendas de una triple fidelidad: a Dios, al el pueblo y a la Iglesia. Fidelidad a menudo costosa, dolorosa a veces, pero siempre fecunda, puesto que lo llevará a fundar la Congregación de los Hijos de la Caridad y a colaborar en el nacimiento de las Auxiliadoras de la Caridad.

¡No, este hombre que ha pasado por nuestra historia, no es ni mucho menos un hombre del pasado! Su testimonio y sus intuiciones apostólicas y espirituales concuerdan plenamente con este naciente siglo XXI...

Cuando hay por doquier pobres que creen que Dios les ha abandonado... Cuando centenares de hombres y mujeres (¡más de un millar en México D.F!) desembarcan diariamente en las periferias de las grandes ciudades, huyendo de tierras ingratas... Cuando decenas de nacionalidades se cruzan en extrarradios mestizos... Cuando trabajadores o desempleados desean una Iglesia y un Dios más cercanos... Cuando jóvenes y adultos comprometidos por la justicia, aspiran a una vida mística arraigada en lo cotidiano de su existencia...

Frente a todas esas realidades una misma voz resuena y un mismo camino se abre, el que en su día proclamó el Padre Anizan: “Si el mundo se salva, será por la caridad”.

El autor de esta pequeña biografía conoce mejor que nadie la trayectoria de este hombre, al que incluso le ha consagrado una tesis doctoral. Además, sabe conjugar el rigor de sus conocimientos históricos con una gran admiración por este religioso de corazón ardiente. Jean-Yves Moy es un guía seguro En sus manos les dejo para que les conduzca al encuentro de un auténtico apóstol y de un místico de nuestro tiempo.

Michel Retailleau,
Superior general de los Hijos de la Caridad,
30 de marzo del 2000.

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  La espiritualidad del P. Anizan

« La espiritualidad el fundador de una congregación religiosa es el fruto de una serie de experiencias a la vez humanas y religiosas, por las cuales el Espíritu Santo le ha enseñado y lo ha conducido a actualizar un aspecto del Evangelio, al servicio de la Iglesia y del mundo…

La primera experiencia decisiva para Anizan fue el descubrir al pueblo trabajador de las periferias y de los suburbios de Paris. Por entonces cuenta con 20 años de edad y acaba de entrar al seminario de Issy-les-Moulineaux… El pueblo de los trabajadores y de los pobres es uno de los lugares desde donde el Espíritu no cesara de dirigirse a Anizan…

…Es el mismo Espíritu quien llama a Anizan para evangelizar el pueblo y que le hace descubrir al mismo tiempo su pequeñez, su inutilidad ante Dios, a quien quiere servir. Hace nacer y crecer en Anizan una doble pasión: dedicarse a los trabajadores y ser todo entregado a Dios… En él nace la doble corriente de “la pasión de Dios” y “la pasión por el pueblo”, así como “la pasión por el ministerio del pueblo».

…El centro unificador de la espiritualidad de Anizan es la persona de Jesús, en quien la pasión de la evangelización de las muchedumbres y la pasión del Padre se unifican en un mismo amor de caridad… Si se le pide a Anizan en donde encuentra su espiritualidad, que también la nuestra, la respuesta es: “Nuestro primer libro de espiritualidad debe ser el Evangelio” Pero para Anizan, el Evangelio es una persona: Jesús…

… La espiritualidad de Anizan es actualizar para hoy el amor de Jesús evangelizando las muchedumbres pobres y trabajadoras de su tiempo… La pasión de Dios y la pasión del pueblo se unifican en la caridad de Jesús cuando se nos muestra especialmente como “hombre”

(Extractos de un artículo de André Rebre, Hijo de la Caridad, en la revista “Chantiers”  de los HC, No 95.– 1992)



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