Santa Isidora, que, siendo de buena familia, se consagró al servicio de un convento de religiosas, donde simuló que era idiota para poder mejor entregarse a un recogimiento absoluto, sin que la tuviesen por santa.
Su virtud fue revelada a un solitario de Tabenne, que dijo un día a las monjas: "Ojalá que todos nosotros tuviésemos la idiotez de esta mujer." Egipto, 375.
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