San Jacinto Roma




Encerrado en un calabozo por haberse dejado bautizar, todos los días enviaba el emperador a un criado para que comiese de los manjares inmolados a los ídolos.

Cuarenta días sobrevivió el mártir en la cárcel sin probar bocado, hasta que, exhausto, expiró en el calabozo, Roma, s. II.



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