Juana de Avis y Coimbra, llamada la Príncesa Santa, (Lisboa, 6 de febrero de 1452 - Aveiro, 12 de mayo de 1490) fue una Infanta de Portugal, hija mayor del rey Alfonso V el Africano y de su mujer Isabel de Coimbra.
Dado el cariño de su pueblo, a pesar de que al nacer su hermano Juan perdió el título de princesa pasando a ser infanta de Portugal, la llamaban la infanta princesa Juana.
Fue regente de su padre en 1471. Muchos príncipes europeos la pidieron en matrimonio, pero ella los rechazó a todos. De fuerte vocación religiosa, tomo los hábitos el 25 de enero de 1475, en el Monasterio de Jesús, en Aveiro.
Tras su muerte se la veneró espontáneamente como santa, y debido a las múltiples curaciones y milagros que se le atribuyeron, su culto como beata fue confirmado por el Papa Inocencio XII, el 4 de abril de 1693.
Nació en Lisboa, el 16 de Febrero de 1452; murió en Aveiro, el 12 de Mayo de 1490; la hija de Alfonso V, Rey de Portugal, y su esposa Isabel.
Ella sobresalía principalmente por el coraje y la persistencia con que se opuso a todos los intentos de su padre y hermano de hacer que se casara. Ella había decidido desde la infancia ser la esposa de Cristo y, cuando fuese posible convertirse en religiosa; pero siendo la siguiente heredera del trono, lo cual era por defecto un asunto de hombres, su deseo era particularmente intolerable para su familia y su país. Juana era muy hermosa y su mano fue pedida por varios príncipes. Una vez, en la ausencia de su padre, ella tuvo que encargarse del reino, y en ese oficio se dice haber demostrado gran capacidad.
Después de muchas luchas, ella entró en una casa Dominica llamada Convento de Jesús, en Aveiro, donde las reglas eran severas y estrictamente guardadas. Por un tiempo, fue obligada por razones políticas, a dejar el convento y volver a la Corte. No obstante, finalmente, aceptó los votos, y su vida en el convento fue muy penitencial, santa y tan heroicamente humilde, que murió con el olor de la santidad, y los milagros siguieron a su fallecimiento.
El 31 de diciembre de 1692 Inocente XII confirmó su culto beatificándola.
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