San Fándila de Córdoba



Fue un sacerdote natural de Guadix y gran  catequista en Córdoba.

Lo degollaron por su actividad apostólica entre  los cristianos el día 13 de junio. Es uno de  los mártires cordobeses martirizados por el Califa en su intento  de suprimir a toda persona significativa y calificada que pudiera  mantener en los demás la fe de Cristo.
Esta fue  la manera de «evangelizar» de nuevo el califato, muy propia  de los fundamentalismos de todas las épocas y nada respetuosa  con la libertad de las conciencias, ni con el respeto  a la dignidad de las personas.

Fándila es el primer mártir que cae bajo el reinado de Muhamad I que endureció la persecución sobre los cristianos, ya comenzada por su padre Abderraman II. Eulogio utiliza los términos más dramáticos en su descripción de los hechos. “Mientras nos insultaban con semejantes escarnios y con estas burlas fatigaban nuestra miseria, casi consumada por los desastres (...)" , y califica a Fándila como "un joven muchacho, loable por la honestidad de su vida, un presbítero santo y temeroso de Dios" que, "fue el primero que, en medio de estas muertes y crueles peligros abrió la puerta a la posibilidad de ejercitar el martirio bajo el mandato de este tirano” (1).

 

Nació en Guadix, se trasladó Córdoba (España) para estudiar, y muy pronto se encaminó hacia la vida religiosa en el monasterio de Tábanos, donde permaneció durante algún tiempo bajo la dirección del abad Martín. Los monjes del monasterio del Salvador, “que está situado no lejos de la ciudad de Córdoba, en la parte sur, al pie de la cima de la Miel” (2), pidieron que fuera a su monasterio como abad. Fándila, hombre de gran humildad no accedió hasta que así se lo mandó su propio abad, presionado por la insistencia de los monjes del Salvador. Allí aumenta su fama de santidad por la asiduidad a la oración y la intensidad de ayunos y mortificaciones.


Un día se presentó ante el Juez con aire resuelto, le predicó el Evangelio, censuró a su profeta, y declaró que su comunidad, si no se arrepentía y aprendía su piadosa fe, expiaría su culpa "con los vengadores fuegos de los castigos" (3). Como consecuencia de estas declaraciones fue arrojado a la cárcel, estrechado con cadenas y atenazado en las celdas de los ladrones, y después fue decapitado el 13 de junio del año 853.

Su cuerpo exánime  fue colgado en un palo al otro lado del río.


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Notas


Martyrologium Romanum (Roma 2001).
[1] SAN EULOGIO, Memoriale sanctorum, Lib. III, cap. VII, 1.
[2] Ibidem 2.
[3] Ibidem 3.



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